Como mamá, hay una parte de mí que se rehúsa a aceptar que mi bebé está creciendo. Creo que todas las madres, nos aferramos silenciosamente a ese recuerdo del pequeño que alguna vez tuvimos en nuestros brazos y que dependía absolutamente de nosotras.

Pero ayer caí en cuenta de lo maravilloso que es tener un niño grande. Grande por así llamarlo, porque no tiene ni siquiera los 3 años de edad. Pero su evolución es tan impresionante, que a veces, siento que rebasa mi capacidad.

Ayer pude ver claramente las ventajas de que Nico ya no sea un pequeño bebé. Por mucho tiempo -desde que nació a decir verdad- limitaba mis actividades fuera de casa si estaba yo sola con él. Evitaba cualquier tipo de pendientes por hacer, a no ser absolutamente necesario. Entendible hasta cierto punto; cargar con pañalera, carreola, la mamila, si se vomita, el pañal, etcétera; ¿sólo para bajarse al super a comprar un par de cosas? Después de un largo día de oficina, puede resultar demasiado ABRUMADOR.

Su presencia llena de alegría y de colores mis días, y disfruto al máximo nuestros momentos, pues se que no son eternos. El reloj sigue con su tic-tac, mi bebé ya es mi niño y mi niño será en un parpadeo mi adolescente y después un adulto. Que tomará sus propias decisiones y elegirá sus propias compañías. Hoy la vida me regala cada minuto de su tiempo, cada respiración, cada carcajada. Y guardo cada uno de ellos en mi memoria, para disfrutarlos siempre.

Pero ayer caí en cuenta de lo maravilloso que es tener un niño grande. Grande por así llamarlo, porque no tiene ni siquiera los 3 años de edad. Pero su evolución es tan impresionante, que a veces, siento que rebasa mi capacidad.
Ayer pude ver claramente las ventajas de que Nico ya no sea un pequeño bebé. Por mucho tiempo -desde que nació a decir verdad- limitaba mis actividades fuera de casa si estaba yo sola con él. Evitaba cualquier tipo de pendientes por hacer, a no ser absolutamente necesario. Entendible hasta cierto punto; cargar con pañalera, carreola, la mamila, si se vomita, el pañal, etcétera; ¿sólo para bajarse al super a comprar un par de cosas? Después de un largo día de oficina, puede resultar demasiado ABRUMADOR.
Así pues, regí mi vida bajo ese esquema durante mucho tiempo. Los menos mandados posibles, menores complicaciones; pero también implica muchas limitantes. Sin embargo, la tarde de ayer Nico me demostró que esta etapa ha quedado atrás. Y no sólo eso, sino que además de ser una excelente compañía, es un inmejorable asistente.
Paramos a comprar unas cosas de papelería, caminó conmigo por los pasillos de la tienda, me ofreció su ayuda para cargar algunos materiales (literalmente me dijo: "Mami, dame, yo te yuro"). Vi la simplicidad de aquéllos lejanos días volver a mí. Cuando salir no implicaba empacar media casa en una pañalera.
Mi pequeño compañero ya es un niño, no un bebé. Entablamos largas conversaciones que tienen todo el sentido del mundo. Es una personita pequeña, que entiende lo mismo que los adultos, con un vocabulario más limitado; más divertido y muchas veces, más interesante.
He disfrutado mucho cada etapa que hemos vivido juntos, pero en este momento, creo que estoy saboreando como nunca su compañía. Durante la semana, tenemos la fortuna de pasar mucho tiempo sólo nosotros dos y es increíble... jugamos, cocinamos la cena juntos, vamos a la playa, leemos, bailamos, cantamos...
Su presencia llena de alegría y de colores mis días, y disfruto al máximo nuestros momentos, pues se que no son eternos. El reloj sigue con su tic-tac, mi bebé ya es mi niño y mi niño será en un parpadeo mi adolescente y después un adulto. Que tomará sus propias decisiones y elegirá sus propias compañías. Hoy la vida me regala cada minuto de su tiempo, cada respiración, cada carcajada. Y guardo cada uno de ellos en mi memoria, para disfrutarlos siempre.
Elegí a Luis como mi compañero de vida, sin nunca imaginar que nuestro amor daría fruto a un compañerito más. Que no reemplaza a su papá cuando no está, pero que definitivamente logra que esperarlo llegar cada noche de la oficina sea una aventura inigualable.
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