martes, 7 de diciembre de 2010

Los momentos perfectos

Hay momentos en la vida -muy escasos creo yo- en los que verdaderamente te sientes COMPLETA/O. En los que sinceramente, no cambiarías nada en tu vida. Esos en los que tienes la sensación de que si te mueves tan solo un poquito, esta felicidad perfecta, absoluta, sin errores que pulir ni sueños que realizar se te puede desmoronar. En los que te quedas quieto, observando todas tus maravillas; esos momentos en los que puedes escuchar a tu corazón latir y bailar de absoluta plenitud.

Ocasiones como el día de tu boda, realizar el viaje de tus sueños, el día de tu graduación, escuchar el llanto de tu bebé al nacer; son algunos ejemplos del tipo de momento al que me refiero. Si la memoria no me falla, el último momento perfecto de mi vida, lo sentí precisamente en una Navidad. La Navidad del 2007. Recuerdo perfecto el sentimiento; esa sensación de bienestar, de plenitud, de juro que no hay nada más que me falte y nada más que desee. El sólo recordar el momento, me hace suspirar. Y la verdad es que hace unos días me puse a pensar en eso; en la importancia no de valorar esos pequeñas chispitas de la vida, sino de aprender a reconocer que nos encontramos dentro de esa milésima de segundo en la que la perfección existe y DISFRUTARLA.


Pues la satisfacción y la felicidad se pueden confundir, más no son lo mismo. Puedes sentirte satisfecho con tu vida, pero eso no necesariamente significa que seas inmensamente feliz. Y a su vez, me atrevería a decir, que la felicidad viene en dos presentaciones: la felicidad perfecta (la de escasos segundos, minutos o días) y la felicidad imperfecta (en la que vivimos diariamente). Pues me considero una persona feliz (no siempre contenta); más hoy por hoy no me siento en un momento perfecto.

Creo que conforme vamos creciendo nuestra felicidad se va distorsionando. Mientras somos niños, seguro que la felicidad perfecta es parte de la vida diaria, y es por ello que los pequeños son tan maravillosos. Y poco a poco, con los años, con los golpes de la vida, la conciencia, las responsabilidades, vamos perdiendo esta perfección. Hasta convertir la "línea" de la felicidad en un "punto", que como los cometas, solo pasan una vez cada determinado tiempo; largo o corto, pero interrumpido.



Me gusta pensar que se asoma una buena oportunidad para sumergirme en esa perfección. La Noche Buena es un buen aliado para eso, pues su magia contagia, y a veces tiene el poder de borrar de tu mente los sinsabores. Me siento aliviada de saber que se reconocer los momentos perfectos, pues estoy segura, que no todos saben reconocerlos. Me mantendré alerta, muy alerta, y la próxima vez que suceda ahí estaré... estática, como una estatua, tratando de conservar la perfección el mayor tiempo posible, observando la plenitud, la abundancia, la ausencia de la nada y la presencia del todo en el mismo espacio de tiempo.

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