La vida nos deja hacer planes y llevarlos a cabo. Pero de vez en cuando, en su afán de recordarnos su efímera esencia, nos azota con un evento impredecible. A veces con situaciones estupendas, y otras, con sucesos dolorosos.
El viernes por la noche, cuando Luis y yo ya dormíamos; su celular timbró con un mensaje. Cuando recibes una llamada o un mensaje a altas horas de la noche, sabes que pocas veces, se trata de buenas noticias... Uno de sus primos hermanos, de apenas 18 años cumplidos, se vio envuelto en un accidente automovilistico y desgraciadamente, falleció.
Vi en el rostro de Luis, una profunda tristeza, una que tal vez ni siquiera conocía. Y es que, conozco el sentimiento. Esa sensación de vacío, de impotencia, de incredulidad; tratando de ensamblar piezas en tu cabeza para encontrar un por qué a una pregunta sin respuesta.
Cancelamos nuestro viaje a Balandra. Buscamos vuelos hacia el lugar la tragedia sin mucho éxito (por las vacaciones de semana santa), y nuestro fin de semana dio un giro completo... impredecible. Pues en vísperas del viernes, ya podíamos vernos disfrutando de nuestro paraíso. De un paseo por el malecón paceño, y de un fin de semana fuera de la rutina. Pero la vida decidió, que la pasaríamos de otra manera.
La pasamos en silencio; meditando, tal vez. Abrazando a nuestro propio hijo, pensando en la tía de Luis; esa mujer que acaba de perder al suyo. La pasé en silencio, tratando de demostrar a Luis, con un abrazo aquí y allá, cuanto lo amo; cuanto lo lamento, cuanto deseo que su luto desaparezca.
Y después de comer, paramos un rato en la playa. Porque nos da paz, nos atrapa con su inmensidad, nos repone energía, nos llama siempre y nos identifica como familia. Y ahí, enredada en una mantita tratando de mitigar el viento frío de la primavera, vi jugar y correr a mi hijo y su papá. Y desee poder congelar ese momento y poder tenerlos así siempre... juntos, libres, sanos y felices.
Impredecible es el clima, la naturaleza, el último segundo de una carrera, las decisiones que tomaremos en un futuro. Por ello, debemos aprovechar lo tangible, lo que tenemos, lo que somos. Y por eso, también celebramos a mi hermana y la cosecha de su más reciente éxito. Flori es ahora Master Flori, y en familia, pasamos una velada tranquila para aplaudir la culminación de su maestría.
La vida es tan delicada como una burbuja de jabón. Hermosa en sus tonos tornasol, frágil, tan ligera que el viento la mueve a su parecer. Y nos despertamos hoy siendo lo que somos, sin saber si en las próximas horas, en los próximos días, nuestra burbuja cambiará de dirección o se desvanecerá en el aire.
La vida es como una ola del mar. Viene y se va, a veces revienta agresiva, a veces se acerca delicada a la orilla. Pero al final, termina por retirarse. La ola de Cache, se retiró este viernes en un trágico accidente. Pero ahora, él vuela en su burbuja tornasol, hacia un mejor lugar. Y desde aquí, esta pequeña familia, levanta una oración al cielo por él, por sus hermanitos, por sus padres y por toda la gente que lo amó y que ahora llora su partida. Descansa en paz, pequeño.
~ Lo único predecible de la vida, es que es impredecible ~ Ratatouille.
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