viernes, 18 de enero de 2013

Blink, blink... Viernes.

Apenas y toqué mi cámara en toda la semana. Apenas y toqué mi blog. Extraño tomar fotos. Extraño escribir. Fue una semana fugaz. Parpadeé y era jueves por la noche. Blink, blink... Viernes. Tuvimos una semana intensa. Intensa en muchos aspectos. Se están cocinando decisiones importantes para nuestra pequeña familia. Y tomar decisiones nunca es fácil. Especialmente cuando se trata de decisiones que pueden definir el rumbo de nuestros próximos años.
 
Despertamos al viernes y el frío nos dio tregua. Una semana bajo las cobijas, y aunque lo disfrutamos, algo en el cuerpo empieza a picarnos. Nos regimos con la luz del sol. Y han sido días nubosos. La pereza me invadió toda la semana con respecto al ejercicio. E intercambié una semana de casi cero actividad en el gimnasio por una bajo las cobijas calientitas de mi cama, un buen libro y las series de Warner Bros.
 
Fue una semana de retos para Nico. De retos para mí. Crecer es difícil. Ser padre también lo es. Ser un padre bueno, aun más. Espero que Nico me califique como una buena cuando el día apropiado llegue.
 
 
Estamos a mitad del día y el fin de semana ya se ve venir, con su variado abanico de posibilidades. Dos días llenos de oportunidad. Los domingos por la noche siempre recapitulo nuestro fin de semana y lo califico. Algunos obtienen mejor calificación que otros. Pero tratamos de hacerlos valer la pena. Pues si no, hay que esperar toda una semana para volver a saborearlos.
 
No puedo creer que ya hayan pasado 18 días de este año. Tengo una lista de cosas por hacer antes de que termine este mes que ni siquiera he empezado. Por ejemplo, la limpieza anual de mi computadora y las fotografías... ¿Me pregunto si realmente valoré el tiempo libre cuando lo tenía? Desde que nació Nico, no existe tal cosa.
 
Mi noción del tiempo es tan escasa que tengo programada la alarma en mi teléfono solo por si acaso no me doy cuenta cuando es hora de recoger a Nico de la escuela. Mi noción del tiempo es tan escasa, que hoy olvidé a mi jefe en el aeropuerto… En realidad, eso fue muy gracioso.
 
Mi noción del tiempo escasea durante la semana pero se agudiza los viernes. Pues el tiempo se vuelve inmensamente más valioso cuando llego a la casa, y suspiro de felicidad sabiendo que tengo dos largos días por delante, para disfrutar de esto:
 
 
 

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