lunes, 21 de enero de 2013

Pequeños “etisorios”


Etisorio: dícese de un sustantivo inventado por Nico que hace referencia a la palabra real “episodio”. Ejemplos: Van a pasar un etisorio nuevo de ‘Jake y los piratas’ el próximo domingo. / Me perdí el etisorio por tu culpa. / Ese etisorio ya lo vi muchas veces.
 
 
Etisorio 1: Plantados en el Burger King.
 
El viernes por la tarde, tuvimos una invitación para reunirnos con una amiguita de Nico y su mamá en BK. Yo considero el área de juegos de BK el lugar más estresante y maloliente sobre la faz de la Tierra. En pocas y llanas palabras: me choca ir a BK. Pero todo sea por la criatura.
 
Nuestra cita era a las 6.30 pm. Llegamos en tiempo y forma directo a caja a comprar el tradicional ‘paquete amiguito’ de 6 pollitos, papas y refresco (los dos productos finales termino comiéndomelos yo, porque el peculiar de mi hijo, no toma refresco ni es fan de las papas fritas). Pasaron veinte minutos cuando decidí enviarle un mensaje a nuestra ausente compañía. La mamá me respondió que no podrían llegar, las razones salen sobrando para efectos de este post.
 
 
Inmediatamente, sentí mi corazón asentarse en la boca del estómago. No sé si sea mala suerte, o si de plano tengamos que considerar cambiar de amistades (jaja) pero no es la primera vez que nos sucede. Que nos dejen plantados. Que los planes cambien. Así es la vida, cosas pasan, no siempre se pueden. Yo entiendo eso, tengo 30. ¿Mi hijo? Mi hijo no. El tiene 5 y muchas muchas ganas de jugar… SIEMPRE.
 
 
Sabía que me esperaba la carita de decepción y tristeza más grande de mi semana. No existe PEOR impotencia para mi, que no poder hacer nada al respecto. Son estas las desventajas de tener únicamente un hijo. Las desventajas que rompen el corazón. Las preguntas que dan el tiro de gracia no se hicieron esperar: ¿por qué siempre tengo que jugar solito? ¿por qué no tengo un hermanito como los demás?
 
Y la bestia se levanta. Y agarra el cuchillo y lo entierra, una, dos, tres, cuatro veces. Y tropiezo entre explicaciones y palabras que no tienen sentido. Y termino diciendo lo que Nico ODIA escuchar: “no pasa nada Nico, también es divertido jugar solo…”. Y es entonces, cuando voltea a verme fijamente  a los ojos... seguramente listo para responder algo como: “ ¡¿y tú que sabes?! ¡NO, NO ES DIVERTIDO!” – y es tal vez cuando alcanza a leer la tristeza en los míos. Es tal vez, cuando nuestras miradas se funden en un entendimiento silencioso y en lugar de abrir su boca, abre sus brazos; me abraza fuerte, me da un beso, finge una sonrisa y corre a jugar… solito.

 
No es algo que nos pase diario. Pero nos pasa. Y cuando sucede, no es fácil. No es fácil explicarlo, no es fácil manejarlo, mucho menos sentirlo. Pertenecemos a un número reducido de familias de hijos únicos. Y es sumamente difícil. Difícil buscarle compañía (entendemos que cada quien tiene su vida y sus planes personales, especialmente los fines de semana.). Difícil explicarle razones que ni nosotros entendemos. Difícil aceptar su soledad. Difícil no haberle podido dar una infancia diferente.

 

Etisorio 2: Quesitos y salchichichitas

 
Esta combinación de alimentos versátil y maravillosa (aplica para lunch, desayuno y cena), conocida en nuestro menú familiar como “quesitos y salchichitas” es una opción popular en el gusto gastronómico de Nico. Pero el degustador tiene exigencias específicas que hay que cumplir. Estándares de calidad, si así prefieren llamarlo.
 
 

La cantidad de salchichitas (debidamente doradas en mantequilla) debe ser directamente proporcional a la cantidad de quesitos. Ni uno más, ni uno menos. Esto es, 16 salchichitas con sus respectivos 16 quesitos; para combinar y pinchar como brocheta con el tenedor. Freaked out yet?
 

 



Etisorio 3: Al que no le gusta perder.

 
El sábado se suscitó un espontáneo torneo de futbolito en las inmediaciones de nuestro comedor.
 
 
El marcador permite 10 goles por jugador. Y por supuesto, Luis le ganó a Nico. Esta es la posición que adopta mi hermoso y exorbitantemente MALISIMO perdedor.
 
Amemos su combinacion, por favor.
 
Luis y yo tenemos que aguantarnos la risa.
 
 
Afortunadamente, las indignaciones le duran un minuto. Y entonces, está listo para el segundo partido. Tengo que reconocer, que Luis nos acomodó una paliza a ambos.
 
 


Etisorio 4: Caminando por la playa.
 
El frío de la semana pasada se esfumó como por arte de magia el sábado. El clima perfecto nos arrastró hasta la playa. Caminamos como una hora, tranquilos y sin prisas. Respirando el aire fresco y sintiendo los rayos del sol que –increíble pero cierto- extrañamos la semana anterior.
 

Y no, la foto no esta editada. Los azules son REALES.

 
De vez en cuando, sin que Nico se de cuenta, corro a su cuarto por algunos lentes chistosos y me los pongo. A veces, pasan cinco, diez, quince minutos sin que se de cuenta que los traigo puestos. Y de repente, lo escucho soltar la carcajada mientras le hablo como si no supiera de que se ríe.
 
 
Ellos se fueron a explorar entre las piedras, mientras yo me senté un rato a escuchar las olas. Después de una semana de mucha quema de neuronas, tal vez fue por tan solo un par de minutos, pero logré poner mi mente en blanco. Qué ejercicio tan difícil. Y qué resultados tan satisfactorios. Me levanté más ligera.
 
 


Etisorio 5: Mi hijo adolescente/Mi hijo el mini-Alan
 
El sábado tuvimos una piñata. Una de esas a las que vamos cada año sin falta. Y que cuando llega la invitación decimos:  ¡¿Qué?! ¡¿Ya pasó un año?!. Así que por la tarde, Nico se dispuso a darse un “baño relajante” (material total para un post individual) y posteriormente, a cambiarse para la fiesta. Les presento a mi hijo de 16 años:
 
 
Ya lo veo venir. Puedo verlo convertido en adolescente. Uno que se va a parecer de manera absurda a mi cuñado menor.
 
 
Ah, mi Niqui… ¿qué voy a hacer contigo? ¿Te pondré un ladrillo en la cabeza?
 
 


Etisorio 6: Nieve dominguera y “¿adivina quién?”
 
No nos caracterizamos por mucha variedad de opciones de recreación en este pequeño paraíso. Pero las pocas que tenemos, las mantenemos bien localizadas. Una de ellas es un “frozen yogurt club” en el que además de comer nieves deliciosas y bajas en grasa; puedes pasar horas con juegos de mesa. Además, tienen un anaquel de libros, que es mi sueño dorado; y cada que vamos, digo lo mismo: “ese anaquel de libros, es mi sueño dorado”.
 
 
Ahí terminamos nuestro fin de semana, con una nieve de yogurt sabor vainilla-capuccino y una ronda de juegos de “¿adivina quién?”. Mi hermana y yo pasábamos HORAS jugando cuando éramos chicas. La vida es una tómbola. Quien iba a pensar que un día lo jugaría con mi propio hijo…
 
 
 
 
Y esos fueron, en resumen, los etisorios mas importantes de nuestro fin de semana. Es lunes… y por ahí leí en el status de facebook de una amiga “el lunes lo único que me sale bien, es ser muy m@m#n@”. No puedo negarlo, me identifiqué. Have a good one.

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