martes, 15 de enero de 2013

Je m’appelle Nicolás

Llegué ayer en la tarde después de trabajar, dispuesta a terminar la tarde acurrucada en mi cama; empezando la lectura de mi nuevo libro con una buena taza calientita de té verde. (¿Que no hacía frío en Cabo? My ass… – excuse my french.)
 
Pero Nico… ah Nico… él como siempre, tenía otros planes. Su plan original era ir a la playa. Y lo siento, pero no había manera de que yo pusiera un pie en Costa Azul con el frío y el viento que hacia ayer –y hoy. Así que después de convencerlo de que no era una buena idea, me dijo que porque no nos poníamos a leer. MARAVILLOSA IDEA, hasta que entendí que su idea era que leyéramos juntos... EN FRANCES.
 
Hace algunas semanas que le empezó esta inquietud. De aprender esta lengua romántica. Tal vez a partir de que conoció a su amiga franco-canadiense en la playa. No sé muy bien exactamente la raíz de esto pero el caso es, que ahora, exige ver sus películas en francés. Porque – lo cito: “En inglés is SO BOOOOORING, mami…”.
 
Así que el mocoso, ya descifró los números del 1 al 10, gracias a la traducción de “Jake y los Piratas de Nunca Jamás” en dicho idioma. Dicho esto, respiré profundo y me dije: “OK, esto es bueno. MUY MUY bueno… ¿no?”.  Me fui a nuestra pequeña ‘biblioqueta’/cuarto de Bibi/cuarto de tv y rebusqué en las profundidades este librito azul.
 
 
Panorama. Este es el libro de francés con el que estudiamos en la prepa y primeros semestres de Universidad. Conocido bien por Luis, mis compadres, mis cuñados, mis hermanos y todo aquel que comparte nuestra alma mater.  
 
Nico abrió la primera página y lo primero que hizo fue ubicar a Francesia. “Se dice Francia, Nico.”-. Dios prohíba que vuelva a decirlo mal. A mi hijo no le gusta equivocarse. (Me deslindo de toda herencia y responsabilidad)
 
 
Hojeó intrigado las páginas. Trató de leer. Frunció el ceño. “No amor, el francés no se lee igual que como se escribe”.  – le dije. “Hmm, ya. Es como el inglés, entonces…? – WHAT! ¡¿Cómo puede llegar a esas conclusiones?!
 
Y entonces repasamos la lección 1. Y me teletransporté a mis días de estudiante. Y le mandé un mensaje a su padrino, y lo teletransporté a él también. Es increíble la mente humana. De verdad lo es. Y llegó Luis y repitió los diálogos junto conmigo. Porque realmente nos reímos mucho durante las clases de francés estudiando estas lecciones. Y ahí estuvimos, MI HIJO Y YO, estudiando un poco de francés, con mi libro que tiene apuntes que datan del año 2000. La vida es increíble.
 
 
Cuando por fin decidió que había sido demasiado francés por un día, se fue a jugar. Y yo me quedé sentada, hojeando el libro y entrando en pánico. Mi hijo me pone nerviosa. Muy nerviosa. A veces, me sobrepasa. Y me invade el miedo, que va de la mano con este excepcional privilegio de ser mamá. La inseguridad de saber si soy capaz de construir todos esos puentes que se merece, que demanda.
 
Su sed de aprender es motivante y muy retadora. Y a veces, demasiado que manejar. Y el infinito es el límite, y se lo repito hasta el cansancio, siempre se lo repetiré. Es mi intención y mi obligación que lo recuerde por el resto de su vida. Pero es inevitable sentirme incapaz algunas veces. Dudosa de poder con este reto extraordinario con el que Dios y la vida me bendijo.
 
Quiere hablar francés, quiere aprender a tocar TODOS los instrumentos musicales, quiere nadar en las Olimpiadas, quiere surfear, quiere entrenar delfines. Y está en MIS manos, en las manos de su papa, ayudarlo a conseguirlo. Esto no es un hobbie, my friends. Esto es a lo que los libros, los sabios y las abuelas se refieren cuando dicen: “Ser padre es el trabajo más difícil de este mundo.”
 
Porque son nuestras decisiones como sus papás, los que definirán una buena parte de su vida. Es evidente que no puede tomar 400 clases extra-escolares. Lo que no es evidente, es saber cuáles actividades impulsar y priorizar. ¿Qué podrá catapultar más su vida? ¿Aprender a tocar la guitarra o hablar un tercer idioma? La realidad es que no lo sé. Ni creo que mi mamá lo supiera cuando nos apoyo a nosotros con la pintura, los idiomas, la música o el baile. Y esa, es la parte aterradora. La parte en la que hay que encomendarse a Dios y seguir el instinto. Los idiomas catapultaron mi vida, pero fue la música la que catapultó la de mi hermano. Todo es una apuesta al tiempo.
 
Y a mí no me importa si quiere ser nadador olímpico, o estrella de rock o poliglota o un simple “playero”. Al final de día, lo que me importa es lo que le importa a todo buen padre… Me importa que sea feliz. Pero me tomó en serio mi papel, mi responsabilidad; pues tengo una joya entre mis manos y no quiero que se opaque nunca. Y todos los que fuimos bendecidos con un hijo, tenemos una. Es triste ver a tu alrededor y darte cuenta, que no todos nos lo tomamos verdaderamente en serio.
 
Hoy por la mañana, mis miedos e inseguridades seguían rondando mi cabeza. Miedos e inseguridades justos y bien fundamentados. Y entonces, recurrí a mi Pepe Grillo, mi brújula. Sostuve una plática larga y tendida con mi amiga Suelen, y le dije:  “Tengo miedo. Es un diamante demasiado grande.”-
 
“Un diamante justo para la reina que eres.” – me respondió.
 
Y me lo creí. O más bien, lo recordé. Puedo con esto. Porque es mi pasión. EL es mi pasión. Y estoy dispuesta hacer lo necesario para ayudarlo a alcanzar sus sueños. Los pequeños y los grandes. Los fáciles y los difíciles.
 
 
Je m’appelle Dulce. J’ai un petite fils. Il s’appelle Nico. Il est le mieux.
 
(Pepe Grillo, you rock. Merci.)

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