Hace unos meses leí un pasaje sobre una leyenda que me encantó. Algo mas o menos así...
Existe una vieja historia sobre los nativos americanos sobre un indio Cherokee anciano que le platicó a su nieto sobre la batalla que persiste dentro de cada uno de nosotros. "Hijo mío"- le dijo "En el interior de cada uno de nosotros habitan 2 lobos; uno bueno y uno malvado. El malvado esta enojado y celoso, lleno de arrepentimientos y arrogancia, avaricia y dolor, culpabilidad y lástima por si mismo. El otro, es bueno. Es amable y amoroso, lleno de esperanza y paz, alegría y compasión".
El pequeño se quedó pensando por un momento. "Cuál lobo gana?"- le preguntó a su abuelo. El viejo Cherokee simplemente sonrió y le contestó: "... aquél al que tú alimentes".
Y es que esta constante lucha, es la que nos inspira a ser mejores. A sacudir nuestras rodillas después de una caída, y con actitud positiva y toda la fuerza de nuestro sentidos, dejar atrás nuestras penas y erguirnos.
Esta semana me tocó vivir una tormenta que al final, se convirtió en un bello arcoiris. Que me llenó de gratitud y energía para seguir adelante, abrazar la vida y absorber a bocanadas la belleza de cada minuto. Y este fin de semana, le siguió para celebrar precisamente eso... nuestra vida. Y disfrutar, y respirar y alimentar a nuestro lobo bueno.
Nuestro rápido pero muy productivo viaje a La Paz, inició desde temprano el viernes por la mañana. Con una primera parada para el desayuno en unos deliciosos tacos.
Para después emprender camino por una carretera que nos ofrece un paisaje sin igual. En donde el desierto se funde con el Pacifico y el concreto se minimiza ante el vasto azul.
La Paz nos hace felices. Nuestras visitas a esta ciudad siempre nos pintan una sonrisa en el rostro, nos recargan baterías y nos permiten no solo salir de la rutina; sino regresar a nuestro santuario... BALANDRA.
Pero este paraíso merece un post dedicado por completo a su belleza, y lo tendrá, después de terminar éste.
Caminar por el pintoresco malecón de este Puerto de Ilusión, es reglamentario. Así que mientras Luis hacia los trámites y papeleo que nos llevó en principio a hacer este viaje, Nico y yo disfrutamos de unos momentos en estas arenas.
Por supuesto, disfrutamos de una deliciosa cena en nuestro restaurant de carnes favorito; para después caer rendidos en los brazos de Morfeo y despertar a una mañana soleada y fresca. Un buen desayuno acompañado de un delicioso capuccino fue como iniciamos el día de hoy.
Paseamos un rato, mientras respirábamos la brisa fresca y los pelicanos revoloteaban alrededor. Nico corrió, se rió y pasamos un buen rato haciendo nada y haciendo todo. Ganando la batalla interior al lobo maligno, y nutriendo a nuestro buen lobo con alegría, risas, momentos juntos y recuerdos perfectos.
Escribo esta noche, ya arropada en mi cama. Un poco cansada en el cuerpo físico, pero con toda la energía espiritual que cabe en mi. Feliz, recargada, llena de proyectos, de buenas intenciones, nuevos aprendizajes y ansiosa por seguir celebrando esta vida... ganando mis propias batallas internas, venciendo el desanimo y el miedo que a veces asoman sus afilados colmillos pero que al final, con un poco de suerte, voluntad y ayuda de nuestro Padre siempre terminan por esconderse de nuevo.
Y aquí estoy hoy, rindiendo tributo a esta historia Cherokee; convirtiendo la leyenda en realidad y dando de comer a mi buen lobo, para que siempre -sin importar cuan imposible parezca la lucha- tenga las energías suficiente para salir vencedor, nunca vencido.
Nico, nunca dejes de alimentar a tu lobo... tú sabes a cuál.
No hay comentarios:
Publicar un comentario