Querido Nico,
Hoy debo confesarte algo... que tal vez, cambie tu realidad de alguna manera. El día de hoy, mamá tiene miedo. Miedo de afrontar un evento en mi vida -nuestra vida- y que no hay manera de evadir.
Todavía eres muy pequeño para comprenderlo, pero en algún momento entenderás que existen toda clase de miedos. Y cada quien, se encarga de darle forma de igual manera a sueños e ilusiones que a sus temores. Yo, he tenido en mi vida, al igual que cualquier persona, muchos miedos. Miedos sin importancia y otros cuantos bastante significativos.
Me gustaría que siempre pensaras, que mamá es invencible. Que nada teme, que todo lo puede y que no es vulnerable ante la tempestad. Pero la realidad es, que soy tan humana como cualquiera. Un ser humano que por supuesto, defenderá tu bienestar y hará cualquier cosa para protegerte y verte feliz, no SIN ningún miedo, sino A PESAR DE el.
Pues la valentía radica en la capacidad de caminar junto a tus miedos, actuar pese a ellos y eventualmente superarlos, solucionar los problemas o situaciones que provocaron tu sentimiento de temor y seguir adelante sin mirar atrás.
Porque la vida no es perfecta... nuestra vida no lo es. Pero nuestra felicidad radica -ha radicado siempre- en tomar todo lo que tenemos, lo bueno y lo malo, y sacar el mejor provecho de ello. Y divertirnos y bailar durante las tormentas, enfrentar el miedo a los rayos y los truenos, salpicar nuestros días en los charcos de lluvia y después... ver salir el sol, y el arcoiris y disfrutar sus colores y su perfección dentro de nuestra imperfecta existencia.
Así que hoy, durante esta pequeña tormenta, tomaré tu mano de apoyo y usaré tu inocencia, tu confianza en mi y tu sonrisa para afrontar mi miedo en silencio. Pues frente a ti, trataré de mantenerme intacta, alegre, fresca y natural. Pues es mi deber como tu mamá, no sólo no transmitirte mis miedos; sino enseñarte a derribar los tuyos.
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