Mañana llegan los Reyes, dejan un regalo y se van... Y con ellos se llevan el uultimo destello de los días navideños. Se acabaron los días de fiesta, el abuso de las harinas y las luces de colores por toda la casa. Para mi, el Día de Reyes marca el verdadero final de un año de momentos, y el inicio de otro... con un poco de suerte, mejor que el anterior.
Y hoy pensé en lo que estos 12 meses traen enrollados bajo sus días. Y me emocioné. Pues aun nos quedan días de invierno. De acurrucarse bajo las sabanas y usar ropa abrigadora. De jugar a pintar y dibujar dentro de casa para no salir durante las tardes frias. Porque si bien, para muchas, nuestro invierno es su verano, para nosotros NO. Este es el frío que por muchos días anhelamos durante las tardes de 40 grados.
Y el invierno dará paso a la primavera. Que nos permite empezar a salir de nuestra cuevita y disfrutar de los colores de la vida. Y de plantar nueva vida en nuestro jardín, y regresar cautelosamente con un sweater ligero a las maravillosas playas que serán nuestro hogar en los meses venideros.
Y la primavera trae consigo celebraciones importantes; cumpleaños, días de descanso, tal vez alguna nueva tradición y la oportunidad de FLORECER. Salir de nuestro capullo y deslumbrar el panorama con nuestro autentico e irrepetible color.
Y poco a poco, los días primaverales se camaleonizan y dan entrada a otro verano. Otro largo y divertido tiempo de chapotear, hacer picnics, disfrutar de unas merecidas vacaciones. Y con los días calurosos llega también el deslice de actividad en el trabajo; que nos da un respiro de la ardua temporada alta, llena de movimiento y stress.
Si tenemos suerte, el verano nos trae consigo pequeños regalitos en forma de tormentas. Que azotaran con sus gotas el pavimento, limpiando el polvo y brindándonos la oportunidad de purificarnos a su paso.
Y por ahí de Septiembre, cuando el calor apriete fuerte, mi pequeño caballero tendrá una celebración de vida más. Y planearemos un cumpleaños nuevamente, que supere la magia del anterior... para días después darle la bienvenida al maravilloso y esperado Octubre. Que nos llena con sus colores terra de otras celebraciones igual de fabulosas que sus lunas otoñales y sus divertidos disfraces.
Y de ahí, volveremos a disfrutar el día de gracias y las fiestas decembrinas una vez mas. Un plan redondo, un circulo que cierra año con año permitiéndonos iniciar de nuevo con la esperanza de celebrar la vida por otros 365 días más, o los que Dios nos permita.
Ya todo esto es suficiente para sentir la emoción de vivir día a día, pero la vida es todavía más generosa y nos regala sucesos inesperados. Pequeños brotes de sorpresas aquí y allá, para completar y satisfacer nuestros corazones.
Ignoro que sorpresas guardará la vida para mi este año; pero no puedo esperar para empezar a buscarlas, descubrirlas, tomarlas y bañarme en ellas. Y si bien, segura estoy que también traerá sinsabores, éstos solo servirán para sazonar el calendario.
Este 2011 me ofrece disfrutar el último de los escalones de mi segunda década de vida. Tachar esos últimos renglones por cumplir, de mi lista de "Cosas que haré durante mis 20's". El 2011 abrió una oportunidad de negocio que tal vez funcione o tal vez no, pero que ya me dejó aprendizaje. Este 2011, mi hermosura cumple 4 años. 4 veranos de haber llegado a mi vida, robado mi alma y convertido mi corazón en su sonrisa. Este año, celebraremos los 30 hilos tejidos en la vida de Luis, habrá aniversarios, habrá tradiciones que fortalecer.
Como dije antes, este año mi plan es no planear, no esperar, no juzgar, no analizarlo todo... y simplemente abrir mis brazos de Este a Oeste, alzar mi rostro al cielo y dejar al viento de la vida acariciarme con su brisa... y traer a mi lo que merezco y lo que necesito para renovarme y construir una mejor versión de mi misma.
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