domingo, 13 de marzo de 2011

Alerta

El 11 de Septiembre de 2011; recuerdo haber estado en un salón de clases, a punto de terminar la lección del día, por ahí de las 10 de la mañana; cuando alguien interrumpió la clase para avisarnos de la noticia. Rápidamente, mi maestro de economía y director de carrera, encendió la televisión.

Creo que ninguno de los presentes daba crédito a lo que veían nuestros ojos. Ninguno de nosotros, entendía realmente lo que significaba ver la imagen de un avión estrellándose sobre un rascacielos. Un rascacielos que no era cualquier edificio, sino el World Trade Center.


El histórico y lamentable atentado a las torres gemelas de Nueva York, marcó por desgracia y en mi parecer, el inicio de una serie de acontecimientos escandalosos, aterrorizantes y mortales de nuestra era.


No se si fue que a partir de entonces, empecé a ponerle más atención a lo que pasaba en el mundo. No se, si la paranoia mundial me contagió a partir de ese día. Lo que es una realidad, es que a partir del 9/11 una infinidad de tragedias han azotado en nuestro mundo.

La naturaleza ha despertado con furia de un sueño pesado de muchas años, en los que la humanidad se dedicó a abusarla, explotararla irracionalmente. Así también, hemos desafiado a nuestro Padre. Se han despertado a nuestro alrededor, verdaderos monstruos con disfraces de gente corriente que se empeñan día a día en violentar la frágil vida humana.

Querido Nico,

El viernes, empezamos la mañana bajo una alerta de tsunami. No propiamente un tsunami que nos pegaría a nosotros, sino uno que pegó en Japón. Uno de 8.9 grados en la escala de Richter, que despertó la furia de un gigante marino formando una pared de agua de 10 metros de altura que azoto una ciudad de Japón. La alerta se extendió por todo el Pacifico, desde la isla de Maui; pasando por las Baja Californias y hasta la punta sur del continente.


Están pasando cosas en el mundo, que cuando yo tenia tu edad, sólo las podíamos imaginar en películas y libros de ciencia ficción. Ahora son una realidad que azota a nuestro mundo de manera inesperada pero cada vez más repetidamente.



No se que cambios radicales estén por venir, pero segura estoy, que esto es sólo el principio. Es que verás, querido bebé, hemos desafiado a la naturaleza y al mismísimo Dios. Desafortunamente, nada bueno puede salir de eso. Es por ello, que debemos estar siempre alerta y preparados para los eventos por venir.

Y al decir esto, no pretendo que vivamos con miedo, pero si con precaución. Hemos sido bendecidos y muy afortunados hasta el día de hoy; la gente de Japón, de Chile, de Filipinas y de muchos otros lugares no pueden decir lo mismo. Pero la realidad es, que todos somos vulnerables, sin importar el punto de la Tierra en donde vivamos, a tempestades y catástrofes.

Y no se trata de ser alarmistas sino precavidos. Se trata de tener un plan, de saber qué hacer, con qué contar, qué llevar, hacia donde dirigirnos en un momento de inminente peligro. Es importante mantenernos en oración en todo momento; aprender primeros auxilios, saber cultivar, construir, habilitar.

Visualicemos la luz en todo momento; y oremos para que el pueblo de Japón sepa ponerse de pie y aprender de esta dura experiencia. Eres muy pequeño para comprender y recordar, y por ello, a pesar de no saber si algún día este almanaque de recuerdos llegará a tus manos; lo escribo para ti con la esperanza de que así sea. Y que el algún momento de tu vida, mis palabras lleguen a tus ojos y mis consejos a tu corazón.

Mantén todos tus sentidos y tu cuerpo siempre alerta. No minimices amenaza alguna, ten respeto por la naturaleza y aprende a entender sus señales. Sigue a las aves y otros animales, pues su dirección siempre es la correcta. No pierdas tiempo, no te aferres a lo material, confía en tus instintos; pues Dios siempre te hablará a través de ellos.

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