Ayer en el kinder, Nico tuvo su actividad anual de "Patrogimnasia". Básicamente, es una clase de deportes acompañados por los papás. (La "Matrogimnasia" fue hace un par de semanas, cuando Nico estaba muy enfermo, así que nos la perdimos).
El objetivo es reunir a los papás con sus pequeños, sacarlos de la rutina y ponerlos a convivir y divertirse un rato. Por supuesto, me colé para tomar algunas fotos de 3 de mis papás favoritos.
Y esto, me puso a pensar, en como los tiempos han cambiado. Y siempre decimos que para mal, que estamos peor que nunca... pero creo que hay cosas que a lo largo de los años, han cambiado para bien. Una de esas cosas, es la relación entre padre e hijo(a). El grado en el que la parte paterna se involucra.
Pues lo veo a diario; en el colegio, en las piñatas, en el super. Hoy por hoy, los papás juegan un rol mucho más activo y responsables en la formación de sus hijos. Son parte fundamental de sus días, y no se limitan únicamente a proveer lo material. Si bien, las mamás seguimos siendo el pilar en la educación de los pequeños, las que estamos siempre ahí para atenderlos; la realidad es, que a las mujeres que nos ha tocado formar una familia en este siglo, hemos sido testigos de la conexión emocional de nuestra pareja con nuestros retoños.
Yo no recuerdo que durante mi niñez, los papás de mis amigos asistieran a mis piñatas con ellas. O que fueran quienes los recogieran después de pasar el día en casa de una amiguita, o incluso, fueran los encargados de ponerles el uniforme por la mañana y llevarlos a la escuela. Esas son cosas, que vemos en nuestro tiempo; y aunque seguramente, hace 25 años también hubo uno que otro papá que lo hacía, la generalidad no se involucraba.
Soy una de esas mujeres afortunadas, que cuenta con un esposo involucrado. Que está al pendiente de su hijo, que le prepara el desayuno más de una vez por semana, y que todas las noches antes de dormir, se toma el tiempo de leerle un cuento. Y también, soy afortunada de conocer a más papás igual de buenos que el papá de Nico.
Es cierto, los hombres pueden ser más desprendidos. Su naturaleza los hace así. Pero también es cierto que los roles en la familia han evolucionado, se ha ido adaptando a las exigencias de nuestros tiempos; y hemos logrado, como sociedad, formar a padres ejemplares.
Como muestra, tengo a estos tres ejemplares. A los que veo a diario esforzarse para ser los mejores padres para con sus hijos. Los que me consta, han sacrificado mucho, por verlos felices. Son padres como ellos, los que deberíamos estereotipar.
El día de ayer, durante el ejercicio de patrogimnasia, cuyo objetivo es unir a los niños con sus papás; no sólo me encontré con padres comprometidos, también, observé con alegría la naturalidad con que manejaban a sus hijos. Dicha naturalidad y conexión, sólo se logra a través de la convivencia diaria; lo que me permitió comprobar que los papis de hoy, son definitivamente, los padres que nuestra desgastada sociedad necesita para mejorar.
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